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Coordination marée noire



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el juicio a los 10 años de la catástrofe

   El barco del ‘rumbo suicida’

Manuel Rivas
vendredi 12 octobre 2012
statut de l'article : public
citations de l'article provenant de : El País


En noviembre de 2002, el ’Prestige’ colisionó contra la costa gallega Llevaba 77.000 toneladas de fuel pesado en sus tanques Aquella terrible ’marea negra’ despertó una movilización ciudadana que permanece viva Diez años después de la catástrofe comienza el juicio contra los acusados

Hace 100 años se hundió el Titanic. Hace 10, el Prestige. Son ya dos símbolos en el calendario apocalíptico del mar. Los dos se hundieron, entre otras cosas, por el pecado capital de la codicia. El Titanic era apolíneo, futurista. Iba lleno de viajeros triunfadores, o con juego de naipes para serlo algún día. Su puerto de destino era el skyline de la gloria. El Prestige era un barco corroído, de la época de los grandes cacharros petroleros, con bandera de conveniencia y un destino encubierto. Carne de desguace, lucía en proa su nombre como un sarcasmo de la globalización. Su carga, miles de toneladas del combustible habitual en las “calderas del infierno”, hacía de él un potencial leviatán. Un monstruo marino.

Y lo fue.

El buque llevaba dentro la escoria del crudo, con un 2,58% de azufre

Hay constancia de algún marino que al ver la catadura herrumbrosa del Prestige dijo : “Prefiero no hacerlo”.

El veterano Apostolos Mangouras, natural de Ítaca, dijo que sí. También Ulises, paisano de Mangouras, se atrevió a navegar al Hades, al inframundo. La nave, de casco sencillo, con 26 años de vida, había sido sometida a implantes de chapa unos meses antes en un astillero chino, en Wan Souk. Con tripulación en su mayoría filipina, de 27 personas, con muy bajos salarios, el Prestige partió el 5 de noviembre de 2002 del puerto de Riga con 77.000 toneladas de fuel pesado en sus tanques. El último poso, la escoria del crudo, con un 2,58% de azufre. El buque llevaba bandera de las Bahamas, es decir, de conveniencia, vulgo pirata. Era teórica propiedad de una empresa teórica, Mare Shipping Inc, fachada de armadores griegos, los coulouthros, bastante ilocalizables en caso de necesidad. La encargada del flete era Crown Resources, con sede en el cantón suizo de Zug, una empresa mutante del consorcio Alfa Group, propiedad del oligarca ruso Mijaíl Fridman. Como escribió Rodrigo Fernández, pocos días después del accidente, en una crónica impagable desde Moscú : “Crown es una empresa sin reputación, y por tanto no está preocupada por su prestigio”.

La mercancía que llevaba era inservible para quemar en Europa. Así que zarpó de Riga, con escala prevista en Gibraltar, a la espera de órdenes para dirigirse a un destino final, probablemente Singapur. Ocho días después, a las 14.15 del 13 de noviembre, en Salvamento Fisterra, captaron un balbuciente mayday, llamada de auxilio. Procedía de un buque llamado Prestige. Tenía una herida en estribor y había temporal, con viento Oeste.

“¿Sabes ? El mar es un milagro”. Lo dice con la convicción del pintor Lugrís, que pedía a los penitentes en las procesiones : “¡Deberíais arrodillaros ante el mar !”. Él está jubilado, Juan Manuel, ya no puede ni quiere pescar, pero le gusta de vez cuando ir con el espejo, esa especie de humilde cámara estenoscópica del mar, para ver lo invisible. Sí, el mar es el milagro, dice Juan Manuel Gómez Leis, de 63 años. A los 15 años salió de Lira y embarcó como pescador en el puerto vasco de Ondarroa. Después estuvo años en Groenlandia y en Terranova en la pesca del bacalao. Ahí sintió el “dolor del mar” : la sobrepesca brutal, sin reparar en tamaños. Luego recorrió el mundo en petroleros noruegos. Le impactó Nigeria, aquella gente pobrísima, disputándose a nado las sirgas de amarre de los barcos. Le gustó San Francisco. Pudo quedar en Estados Unidos, como muchos marineros de Muros o Carnota. Pero él tenía, desde los 15 años, camino de Ondarroa, un sueño en la cabeza. Su propio barco. De bajura. Ir con su propio espejo para ver lo invisible. Y cumplió el sueño. Y todo es más verosímil porque el mar comparece en el ventanal de la cofradía de Lira, en la ensenada de Carnota, donde hablamos. Ahora miramos en silencio esa película hechizante. Deberíamos tener el oído de los cetáceos o del delfín Gaspar, que bromea con los pescadores y hasta con la Guardia Civil del Mar. Este lugar fue uno de los más afectados por la marea negra del Prestige. Ahora es la primera reserva de pesca artesanal, Os Miñarzos, con un área de 1.200 hectáreas que incluye dos espacios de reserva integral, intocables, para la cría. La crearon ellos, los pescadores. Y Juan Manuel, entonces patrón mayor de la cofradía, fue el alma mater de la más importante experiencia alternativa para una pesca sostenible en Galicia.

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