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Coordination marée noire



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En el 2002 la ría vivió la mayor amenaza de su historia. Se salvó gracias a su gente

   La increíble victoria de la voluntad sobre el chapapote

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dimanche 11 novembre 2012
statut de l'article : public
citations de l'article provenant de : La Voz de Galicia


Un escueto comunicado de prensa informaba, el 13 de noviembre del 2002, de que un petrolero -se llamaba Prestige- tenía problemas frente a nuestras costas. La imagen de su casco arruinado, golpeado por un mar embravecido, se coló por primera vez en la vida de los gallegos. Para muchos, era aún una imagen más de un temporal cualquiera. Para otros fue un presagio. « Estaba nun partido de baloncesto en Pontecesures cando me contaron a noticia. Recordo que dixen : ?Esperemos que non teñamos un cristo ? ». Habla Víctor Dios, isleño y bateeiro. Días después de aquel partido, Víctor estaba luchando a pecho descubierto contra el chapapote en Sálvora, convocado por el amor a la ría y a la vida que siempre había conocido.

Con toda Galicia pendiente de los erráticos movimientos del Prestige, el calendario se había movido hasta el 3 de diciembre. Oficialmente, la marea negra estaba lejos de las Rías Baixas. Hasta aquí no iba a llegar su veneno, había dicho en O Grove el entonces Conselleiro de Pesca, López Veiga. « Y punto ». Pero ni el mejor ejercicio de retórica podía parar las manchas negras que el mar empujaba hacia Arousa.

Las detectaron quienes no se fiaban de los partes oficiales. Llevaban días patrullando por la zona de Sálvora, pendientes de cualquier incursión negra. Y el temido encontronazo con el chapapote llegó aquel 3 de diciembre. Su grito de alarma se oyó en todas las cofradías, en todos los puertos. « A nós avisáronnos cando estabamos na lonxa », cuentan José Antonio y Vicente, dos mariscadores mecos que pelearon cuerpo a cuerpo con el fuel. « Eu entereime cando estabamos botando o mexillón a terra », apunta Manuel Poza, otro de los soldados que A Illa aportó a aquel ejército.

Los que luego serían bautizados como « héroes del Prestige » salieron al mar con la batalla perdida. Parar una marea negra en el mar se antojaba una misión imposible y el gesto de los arousanos, un descarnado ejercicio de desesperación. Hicieron la guerra con sus manos, con capachos acostumbrados a portar marisco y no muerte, sin saber si aquel penetrante olor que los envolvía les estaría comiendo las entrañas. « O cheiro era bestial, metíaseche dentro », recuerda Víctor Dios. De ese olor a destrucción dan cuenta todos los que participaron en la batalla, fuese en el mar, fuese en tierra. Porque en lugares como O Grove o A Illa todo el mundo parecía haber comprendido que todo estaba en juego, y que era necesario todo el trabajo, todo el talento. Hubo quien no durmió para discurrir herramientas con las que pescar chapapote. Quien coció pan e hizo bocadillos para alimentar a quienes llegaban del mar enchoupados de negro. Hubo quien limpió capachos y cosió barreras con trozos viejos de red. Esa ciudadanía en estado de guerra alumbró ideas y tomó las medidas que no acababan de llegar de fuera. Así, del empeño cívico salió también un pequeño hospital flotante en el que un par de médicos prestaron ayuda a quienes caían, víctimas del cansancio o de los efluvios del fuel.

Víctor Dios, que peleó, gritó y lloró como cualquier otro, acabó precisando ayuda. Recuerda que volvió a casa, apenas consciente, en una lancha pilotada por un hombre que llevaba una gran medalla de la Virgen del Carmen. Fuesen las plegarias, las meigas o simplemente la naturaleza, lo cierto es que el viento del norte llegó, como el Séptimo de Caballería, para ayudar a los marineros a mandar el chapapote al quinto pino.

El enemigo se batía en retirada. « Din que as manchas iban a toda velocidade », recuerda Poza. Pero la guerra aún no había acabado. Otro ejército aliado, vestido de blanco, desembarcaba en O Grove para liberar Con Negro del fuel. Y la Administración, ausente en la batalla, comenzaba a reaccionar. Poco a poco.




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